jueves, 19 de diciembre de 2019

Mañana será otro día. Por esa frase perdí meses


Vale, me desdigo. Una vez más y ya son… muchas. Sí. Si en la anterior entrada parecía que no, se ha quedado en eso. En parecía que sí, pero no. Joder, qué de vueltas. No veo que sea el momento adecuado. Pues toma. De cabeza. A jugar. Porque al final sí le dije algo. Así que, una vez dado el primer paso… empiezan los principios. Hoy sí vengo a hablar de principios. Si habéis leído más de este blog, encontrareis lo bonito que son los principios. Esa ilusión incipiente. Esa emoción en un mensaje de texto. Ese vértigo ante una respuesta. Los  nervios de la espera ¿Quince años? No. Creo que no. Pero no deja de ser curioso. Me pregunto si le pasa a más gente o solo a los que no hemos conseguido madurar del todo. Los que nos hemos quedado viejos por fuera y jóvenes por dentro. También digo yo que es mala suerte que la vida esté montada así. Es que para gente como nosotros, la etapa entre los treinta y los cuarenta debería contar la mitad. O una cuarta parte. O nada. Yo no encuentro diferencia en los ocho años que llevo de treintena. Han sido lineales. Estables. Hasta ahora, claro. Pero es un cambio… como decirlo… circunstancial. Bueno, no sé. Ha sido un cambio gordo, eso sí. Teniendo en cuenta que han sido los ocho años de la relación más larga que he mantenido. Vuelvo a repetir que no es queja, lamento ni llanto. Es realidad. Un duro y frío baño de realidad. Intentaré que no sea sentimental, prometido. El caso es que bien, sí. Pero la vida pasa y se plantean nuevos retos, nuevos problemas. Problemones. Y luego retos personales. Aunque no lo llamaría reto… lo llamaría ilusión. Joder, pues sí. Me ha hecho… no quiero emocionarme, pero me ha hecho sonreír. Me ha hecho creer en mí, en ella. Por qué no, cojones, me ha hecho feliz. Y últimamente estoy usando muchísimos tacos. Lo cual quiere decir que además soy más elocuente. Es broma. Solo más expresivo. Se me va. Esto no creo que lo publique en breve. Hay que asentar las cosas antes de mostrar esta parte de mi. Es curioso que solo me conozca por mi nombre. Fuera del ambiente laboral no me había pasado… creo que casi nunca. Bueno, fuera del ambiente laboral ya descarta todo.
Hay emoción, no os lo voy a negar. Parezco un crío, en serio. Y de momento no ha aparecido la parte: va a ser difícil, mira que luego… y todas esas mierdas de pesimismo ilustrado. Puede que lleguen, no digo que no. Pero no será ahora. Ahora estoy bien. En ese aspecto, entendedme. En el aspecto cercano. Tanto que está dentro de mi. En ese plano, estoy contento. Estoy casi feliz.
También hay ilusión ¿Por qué no? Si vamos a ser positivos, vamos a serlo de verdad. Hasta el final. Como siempre, todo o nada, do or die, nigga. Vamos con todo o no vamos. Así somos. Y me sigue sorprendiendo el positivismo imperante. Me sorprende y me gusta. Y me pone un poco nervioso. Pero no demasiado. Y no será hoy.
Hay vértigo. Hace tiempo que no hago esto. Y lo que vendrá después… si todo va bien. Que parece que lo va, pero no adelantemos acontecimientos. Y después del vértigo…
Hay nervios. Muchos nervios. Muchísimos nervios. Voy a por mal. Ahora vuelvo, porque hay nervios. Sí. No es negativismo, ojo. Es nerviosismo. Es… ¡ay, madre! Que yo hace mucho tiempo que no cambio de piel. Que no mudo. Que no me rozo. Que no me pierdo. Que no me ahogo. Que no lo doy todo. Que no buceo. Que no descanso. Hace mucho tiempo que no hago muchas cosas. Lo que sí hago es lo de siempre. Y lo nuevo es entregarse, a pesar de que se pueda fallar. A pesar de que se pueda hacer mal… nunca pediré perdón, si ha sido mi corazón, quién habló primero. Ese es el nuevo yo, que dirían los motivadores profesionales. No soy nuevo nada. Quizá una nueva actitud, no te digo que no. Pero de nuevo yo no hay ni rastro. Soy el mismo de siempre. Lo que ves… es lo que soy. Eso soy. Un desastre. Pero un desastre que intenta hacer las cosas bien. Joder, y a veces acierto. Estoy muy contento conmigo mismo, la verdad. Y creo que me ayuda a escribir en positivo. Eso y que estoy con otra lista de reproducción. Pero es bien. Eso siempre es bien. Escribir es bien. La música es bien. El amor es bien. Quizá demasiado pronto, pero uso la palabra de forma genérica, ya sabéis. Lo siguiente era que el mal es bien… pero no. Menuda contradicción ¡Escribir en positivo! Pocas veces lo veréis. Aprovechad.
Se me va la vida en los impasses entre pensamiento y pensamiento. La vida es lo que pasas mientras mueres. Esos bloqueos en los que parece que estoy más allá del tiempo y del espacio. Ahí es dónde creo que radica mi alma. En el limbo. En el espacio entre dos ideas. En el sitio donde no hay pensamientos. En realidad es una leyenda urbana, siempre estamos pensando. Lo que pasa es que al perder la concentración se pierde también la noción de lo que se estaba cavilando. O por lo menos eso me pasa a mi. Puedo estar teniendo la idea más lúcida de mi vida, que si viene alguien y dice “¿en qué estás pensando?” Soy incapaz de responder con la verdad… solo sale “nada”. Pero en esa nada, había algo. Y puede que fuera algo interesante. Digno de reflexión. Pero bueno, ahí queda, en el limbo, junto con mi alma ¿Por qué? Pues porque ya no cabe nada más. Ya solo es el vacío y la nada. Sé cómo suena. Pero no puedo explicarlo mejor. Han vuelto los momentos de bajón, sí. Ha vuelto el fin de semana en el norte. Ahora parece que queda lejos la felicidad de los principios. Ahora parece que vuelven los nubarrones. Disfruto de mis pequeñas depresiones. Pero bueno, es solo eso, un impasse. Algo puntual, pasajero. Hay cosas en las que pensar. Pasarán cosas, Insha’Allah. La vida sigue, fluye y se para. Es su ciclo. Escribiendo a las ocho de la mañana, sin drogas, sin música; solo eso, ganas de escribir. Estoy empezando a pensar que no es la parte triste de mi vida la que me lleva a escribir, que también, pero no esta última semana. Esta última semana ha sido la parte, de momento, alegre. Me contradigo en las letras porque en la vida también. Vivo en la ambivalencia, ya lo sabéis. Me debato entre el llanto y la risa constantemente. Precisamente por eso es por lo que creo que estoy vacío, como en un paréntesis. Todo me es ajeno, hasta que entra dentro y estalla. Lo mismo es la risa que el llanto. Aunque hace tiempo que no lloro, todo llegará.

"Yo siempre quise ser un delincuente,
para escaparme de la ley de la gravedad.
De niño quise vivir para siempre,
ahora solo escribo para engañar a la soledad.
Suelo enamorarme fácilmente,
suelo confundir el deseo y la necesidad.
Lo bueno del silencio es que no miente,
y lo malo de las palabras es que a veces dicen la verdad."
El callejón de los milagros, Sharif

domingo, 17 de noviembre de 2019

Mi lado bueno, es mi lado esquizo.


Es curioso cómo funciona mi cerebro. Supongo que todos claro, pero hablo de lo que creo que sé. Ya os he contado muchas veces que no logro acabar de entender su funcionamiento. Entre otras cosas, por las drogas; lo sé. Bueno, solo una. Ya era despistado antes de consumir. He estado años sin consumir y seguía igual de despistado. Y desmemoriado. Aunque creo que van de la mano. A lo que venía. No deja de sorprenderme esa capacidad de recordar cosas de hace diez años y no ser capaz de recordar lo que ha pasado hace diez días. A veces mola. Te alegras de las mismas noticias varias veces. Conoces gente por primera vez dos veces. Lo malo nunca se olvida. Siempre está presente. Y cuanto más tratas de olvidarlo, con más fuerza lo recuerdas. Esa es la parte mala. Da igual hace diez minutos que hace quince años. Lo malo no se olvida, repito. Las situaciones vergonzantes, los momentos malos, las sensaciones tristes; todo eso permanece siempre. Y no es porque esté todo el día dándole vueltas, no es que esté siempre en primer plano, al revés; está agazapado, está en standby, siempre dispuesto al ataque, a salir al terreno de juego. A revolucionar el partido. Y vaya que lo hace. De repente un bajón. De repente no hay risas. De repente todo es gris. Antes estos periodos estaban más diferenciados y eran más prolongados. Ahora se suceden en horas. Es un caos. Los últimos dos meses (hoy es 16 de octubre, creo - corrección, es 19-), han sido un poco más tranquilos, pero es que desde mediados de junio mi cabeza ha sido una maldita montaña rusa. Estoy pensando en montar un parque temático y en vez de montaña rusa poner mi estado de ánimo. Desde una relativa calma, dentro de un jodido huracán, creo que me ha afectado más de lo que he aparentando. Normal, también os lo digo. Ahora en la calma llegan nuevas preocupaciones. Más banales, si queréis. Más triviales. Vuelve a sorprenderme mi querido cerebro mezclando risas y tristeza (hace tiempo que no lloro), momentos de hilarante felicidad e ilusión con momentos de vacío y negro porvenir. Y eso que no hago más que proponerme volver a la estabilidad, aunque sea, doméstica, social, laboral. La única es la tercera. Y es porque es en el sitio dónde mejor me lo paso, quién lo diría. Pero no trabajando, si no estando con los compañeros. Y, por qué no, con gente de otros departamentos y empresas externas. Ahí viene también parte de la distracción banal. El juego. El maldito, divertido y peligroso juego. Muy pesado, lo sé. Pero últimamente todo acaba ahí. Supongo que porque tampoco quiero escribir sobre el otro problema. Aunque lo deje entrever. Duele. Es divertido volver a leer lo que escribo y ver como paso de puntillas y mi cerebro se encarga de dar un pequeño giro, sutil, y cambiar de tema. Aun teniendo en la cabeza lo que iba a escribir, al final voy por otro lado. Y, como no, me doy cuenta cuando lo vuelvo a leer, no cuando lo estoy escribiendo. Eso también me lleva a pensar si el juego no es una distracción elaborada por mi cerebro para esquivar otros pensamientos. Es decir, nunca he necesitado o tenido la sensación de necesitar una persona a mi lado, digamos, de manera romántica. Y ahora, por momentos, la mayoría de las veces, creo que tampoco. Pero hay un runrún de fondo que me hace pensar que quiero algo así. Y ya empiezo a dudar si es real o es una elaboración del subconsciente. A lo mejor es que sí, que quiero, que necesito. Pero no veo que sea un momento adecuado. Eso también está detrás del otro runrún. No lo veo ahora mismo. No es mi vida, ahora mismo, compatible con nada. Y eso me hace pensar que mejor no. Si no, ¿por qué no le he dicho nada todavía?

“Al principio lo pinté como una sombra y no era un gozo
Nada más que un simple esbozo de franqueza tu sonrisa
Un péndulo encima de un pozo, un segundo que se eterniza
Algo más leve que un sollozo, un alma que se parte en trizas.
Resignado que al puzzle le faltaba alguna pieza
Pues tal cosa me obligaba a pronunciarme a un primer paso
Hoy no tuve que pensar no quise quedarme en el quizás
Con la fe del que conoce ya a que saben los fracasos.
Y entonces vimos sobre los tejados aquella nada que se hizo visible
En el instante que se hacía pasado, en el momento menos predecible
La duda eterna del enamorado jugaba haciendo saltar el fusible
(…)”
El mejor de los mundos posibles, Pangloss

domingo, 3 de noviembre de 2019

Back 2 da game



Y bueno… si continúo, he de hacerlo por el juego. Me gusta el juego. Me encanta el juego. Es divertido. Y es peligroso. Te puedes enamorar. El juego es una ramera, como la suerte, como la noche, como la vida. Pero hay que jugarlo. La cosa es que no recuerdo cómo se jugaba. Vale, para ser sincero, nunca he sabido jugar. El otro día, hablando con un amigo, caí en la cuenta de que todas las parejas de larga duración que he tenido, han sido ellas las que han dado el paso, tomado la decisión o, dicho vulgarmente, las que me han entrado. No es una queja. Creo que he dejado sobradamente claro que las he querido más que a todo… mientras ha durado. Ya lo dijo Galeano. Desde joven siempre he sido el amigo gracioso. No sé. Tampoco me han interesado demasiado las relaciones, es cierto. También he dejado sobrada constancia en este, huelga decirlo, maldito blog. Pero no sé. Me gustan. Adoro a las mujeres. Suena feo dicho así. Pero es lo que es. En serio. Pero para todo hay un pero, ¿no? Y no podía ser menos en este relato. Vergüenza. Mucha. Luego ya más o menos la he ido perdiendo… y me empezó a dar bastante igual. Ahora mismo hay pocas cosas que me den vergüenza. Pero hablar con una chica que me gusta… ¡ay, amigo! Imposible. No se comportarme. Soy peor que un quinceañero. No soy fluido. No soy gracioso. No soy coherente. No soy simpático. Vamos, todo lo que normalmente intento ser. En fin. El juego. El maldito, necesario e infernal juego.
El juego, al fin y al cabo es el amor. Y es que el amor… en fin. Yo no quería hablar de ese tema. De hecho, no he querido ni usar esa palabra… pero es que, aunque lo negaré ante todos los que me pregunten… el amor lo es todo.
Casi cuarenta y se vuelve un crío de quince cuando le dice a una chica: ‘eres muy guapa’ ¿cuándo se pasa esa sensación? ¿cuándo desaparece el nudo en el estómago? Como dice un amigo mío: a nosotros Peter Pan se nos queda corto. No hemos madurado, no hemos crecido. Tampoco nos ha hecho mucha falta, hemos sobrevivido igualmente. Seguro que hay quién lo encuentra encantador… seguramente cuando cumpla los veintipocos se le pase y madure. Es lo normal, lo estándar. Luego estamos unos pocos, unos elegidos. Lo que no sé es para qué. Supongo que para una soltería prolongada (eso es del mismo amigo de antes). Bueno, no puedo decir que le haya ido mal. De hecho, el problema es precisamente ese, volver al juego doce años después. ¿Cómo voy a volver si ya me he pasao el juego?. Bueno, no me preocupa en exceso, pero a la sociedad sí. Demasiado viejo para casi todo. Y yo pensando que los cuarenta eran los nuevos veinte. Y si resulta que no queremos volver, ¿qué? ¿Qué pasa con nosotros? No queremos jugar a vuestro juego. No quiero una boda de blanco. No quiero unos hijos perfectos. No quiero la perfección, ni para mí, ni para los que me rodean. La perfección es aburrida. Es estándar. Es normal. No queremos ser normales. No hemos nacido para serlo.  Hemos nacido para ser especiales. Cada uno a su manera. No hace falta que seas el nuevo Picasso ni el nuevo C. Tangana. Haz especial a la gente que te rodea. Dales la mejor versión de ti. Serás especial para ellos. Suena a mensaje de nuevo coaching. Pero es tristemente cierto. No queremos ser iguales. No queremos estar en la norma. No queremos vuestra vida normal. Queremos nuestra vida normal. Nuestra vida de marginales, de outsiders, de rebeldes. No queremos cambiar el mundo, queremos cambiar nuestro mundo. Nuestra vida. Nuestro círculo. No he nacido para salvar a la humanidad, me conformo con salvar a la gente que me quiere. Intentar escribir en positivo escuchando rap oscuro, lento, cabezón, es de lo que peor se me debe dar. Porque me dura muy poco. Me sale el racionalista que tengo dentro. No puedo. Una última cosa: quereos. En serio. Amaos. Dar amor. Sin prejuicios, sin intereses, sin máscaras. Yo llevo unos días intentándolo. No es fácil. Y menos cuando has sido la persona más reservada que he conocido. No es fácil cambiar. Pero ya lo he hecho más veces. Aunque esta va a ser difícil de cojones. Pero bueno. Repartid amor, de verdad. Y amor no es solo amor. Son buenas palabras y buenos actos. Es comprensión. Es dedicación. Es cariño. Es interés. No me gusta esa palabra. Pero la adoro.
Y esa es la contradicción en la que vivo. Bueno, vuelvo a vivir; que yo creo que ya me había pasado. Lo que pasa es que mi mala memoria me impide recordarlo. No entendéis nada, y lo entiendo. En fin. Os lo intento explicar. Hay que hilar lo del juego con la dicotomía ¿Cómo? Fácil: hay días que me miro al espejo y digo: me follaba entero. En serio. Me daba por todos lados. Es decir, con esta carita, ese perfil, esa sonrisa, esa voz, esa mirada… ¿qué no? Hasta con barba de dos meses. Y simpático y amable y gracioso y cariñoso y… bueno, y alguna cosa más, seguro. Y luego están los otros días. Los del madre mía dónde vas con esa cara, y con esas barbas… y luego es que eres un raro, te gustan cosas muy raras, con la edad que tienes y mírate. Pues esa contradicción. El juego, el juego, el juego… ¿estoy un poco obsesionado? No sé… igual es que me vuelve a apetecer. Lo cierto es que a ratos sí. ¿Esto ya lo he escrito antes? Bueno, pues no será la primera vez que me repito. Me apetece el cariño. Me apetece la compañía. Pero también me da pereza. ¿Echo de menos la comodidad de una relación duradera? Me da pereza empezar. Iba a decir algo de los principios… pero ya no sé si tiene sentido. ¿Me siguen gustando los principios como antes? Me sigue gustando el juego, eso seguro. Pero los días de baja autoestima se hace difícil. Y los de alta… pues no sé jugar mis cartas. Bueno, a veces son malas cartas. A veces el malo es el jugador. Es cierto. Me las doy de jugador profesional y luego soy un aficionado. Pero es que adoro el juego.
No escatimo alegorías para agrandar mi ego. Son los días de alta autoestima los que me motivan. Los que me hacen decirle algo a alguien. Los que me hacen seguir en el juego. Los días de ¿por qué no? Los días de no solo superioridad moral, los días de estar por encima del resto en muchos sentidos. Esa sensación de seguridad, de estar de vuelta. Los días de sonrisa seductora, encontronazo fortuito… timidez, quince años. Adiós. Estamos condenados a repetir los mismos errores. Bueno, día uno. ¿Cuántos meses van ya? En fin. Como dice la canción: pasó el tren y yo estaba fumando en la vía.

 “Qué triste que estoy y que poquito lloro.
Son esas cosas que uno aprende solo.
Pared y espada, la boca el lobo
Perder por nada, poder con todo.
(…)
Qué feliz que estoy, que poco sonrío.
Son esas cosas que aprendes de crío.
Cuarenta fuera, por dentro frío.
Escalo el pico, mamá, yo ya soy rico.
(...)
To esto al menos me está ahorrando el médico.
Qué triste que estoy y que poquito lloro.
Son esas cosas que uno aprende solo.
Pared y espada, la boca el lobo
Perder por nada, poder con todo.
Qué feliz que estoy, que poco sonrío.
Son esas cosas que aprendes de crío.
Cuarenta fuera, por dentro frío.
Escalo el pico y salto al vacío”
No saco temas ya, Brawler

jueves, 24 de octubre de 2019

Todo en la vida es una broma, menos la vida. La vida es una puta broma. Roberto Iniesta Ojea


A pesar del título fusilado de Robe, el texto es una clara referencia a Watchmen. Concretamente a cuando Rorschach les dice a Búho Nocturno y Espectro de Seda que El Comediante adoptó ese nombre porque había entendido la comedia que es la vida. Y por el mismo motivo se suicidó. Yo creo que voy por el camino. Por el de entender la broma, no por el suicidio, no jodamos. El caso es que atisbo el humor negro y sutil de la creación. Libre albedrío para los creyentes. La vida te pone las cosas ahí, por el camino. Te pone la suerte. El karma. El azar. Llámalo como quieras. Te lo pone ahí, sutilmente. Lo que pasa es que no lo entendemos. Creemos que conspira contra nosotros, cuando lo único que hace es reírse de nosotros. Creemos que nos pone piedras, pruebas… y no. La vida te propone situaciones, cómo las tomes es cosa tuya. Desde luego, estos días pienso que las propone desde el humor. Desde las risas. Si no, no tiene sentido. No puede hilar tan fino. No puede ser casualidad. No puede ser cierto. Es que es como una puta comedia. Si algún guionista de Hollywood me lo presentara en HD, tragaría como espectador este drama-comedia. Más lo primero, pero desde el punto de vista de lo segundo. No me explico, ya lo sé, pero es de esas cosas que tienen sentido dentro de mi cabeza y que luego vuelvo a leer y creo que estoy mal de la misma.  Luego me lleva todo a pensar en el futuro. En el amor. En la vida. En qué vendrá. Y me parece que sigue la broma. En serio. Es para reírse. De hecho, yo es que me rio a carcajadas, literalmente. Alguien cree que estoy loco. Que algo me pasa. Que me drogo. Quizás las tres. Es mi acompañante. No entiende nada porque no entiende la broma. Es que es para reírse, joder. Es que si no, ¿qué queda? Pues el suicidio. Como el Comediante. Volvemos al principio. ¿No es todo un maldito círculo? ¿No es todo un volver a empezar una y otra y otra y otra y otra vez? Y la pregunta de siempre: ¿POR QUÉ? Ainsss (suspiro). Puta vida, amigos. Por eso el nombre del blog. Y lo puse sin haber entendido la broma. Vuelta al principio… una vez más. ¡Ay, señor! Ahora mismo me asalta el desasosiego. Debería sonar sorprendente, porque no entiendo por qué; sinceramente. Tampoco es que ahora sea el momento. La noticia la sabía sin saberlo. La tenía dando vueltas en el subconsciente, inconsciente, llámalo como quieras. Una vez más, solo ha sido la confirmación ¡Pero qué confirmación! Una losa. Me he enfadado. Creo, normal. No lo veo descabellado en esta situación, no sé, son muchos años. Pero bueno, hay que seguir adelante, ¿no? Hay que seguir. Es normal. Nunca se está preparado, de todas maneras, pero hay que hacerlo. Seguir adelante. Suena bien. Al final lo que todos queremos es que vaya bien, por ambas partes. Aunque cueste admitirlo, aunque duela reconocerlo. Aunque no debería, pero bueno. Vuelvo a pensar en esa rueda, en ese círculo. En volver a empezar. En volver al juego, al mercado, a estar disponible; elegid el término que más os guste. En volver a empezar, en todos los malditos aspectos. ¿Tengo ganas? Tengo ganas. En realidad no lo sé. A ratos sí y a ratos no. A ratos me encantaría. A ratos ni de coña. A ratos ni de coña nada, ni la vida, pero bueno. Como siempre, dirán algunos ¡Pues no! Pero en realidad, sí. Como siempre. Para qué cambiar. Por qué no disfrutar de nuestras pequeñas depresiones. Me sirven para escribir algo. Algo muy raro, sí. Todo tiene un principio, un desarrollo, un c'est fini. Es energy. Os juro por Dios que ha sonado esa canción en el momento que escribía eso y no sabía cómo continuar. Joder, Lone las clava siempre el cabrón.

“Miramos al futuro con los ojos llenos, porque el tiempo siempre ha sido el mejor juez del juego.
Échame veneno de más cuando eche más de menos, cuando me falten los motivos. 
Esta va por todo lo que hemos sido, porque el presente no vale de ná si no tienes pasado. 
Yo lo tengo en las manos todo flotando todo tan lindo todo tan fugaz, coño, por eso vivo brindando.
Por eso en cuanto veo cara larga chindo, porque mi rumbo está muy lejos de su mundo. 
No quiero el mando puta, ando dabuti en el limbo, estoy bebiendo en martes pa amortiguar el bajón del domingo.”
Life goes on, Payback

Julio, 2019.

lunes, 12 de agosto de 2019

Escribir y no pensar. Escribir para no llorar (¡A qué venís putas, a qué venís!)


¿Cómo pasa uno página después de nueve años de relación? Que sí, que no me arrepiento, que no es una queja... Es solo una pregunta, seguramente, con una triste respuesta condicionada por una serie de acontecimientos ajenos a ese momento. Así es la vida, siempre hay algo peor esperando a la vuelta de la esquina. Si una ruptura así es dolorosa, diez días después hay peores noticias ¿Y por qué entonces no hago más que darle vueltas? ¿Es nostalgia, tristeza? ¿O es, simplemente, evasión de problemas más graves? ¿Está mi cabeza preparada para estos golpes? ¿Y mi corazón? Ya no sé si soy fuerte o insensible. Ya no sé ni llorar... O me pongo a llorar a destiempo. Pero no por una relación, que supongo que también. Voy a hacer una pregunta que he hecho alrededor de cien millones de veces: ¿por qué cojones es todo tan difícil? Sé que he sido el primero en responder a esa pregunta con: todo es lo difícil que lo quieras ver, o, nada es tan difícil en comparación con otras cosas. Reniego de mí mismo. Todo en parte es culpa de uno mismo (el eterno si quieres cambiar algo, cambia tú o si no cambio yo cómo va a cambiar la mierda a mi alrededor), pero joder, desde 2013 que no tenemos más que palos en esta familia. Hay que ser fuerte sí... Pero ¿y si ya no puedo? ¿Y si no me quedan fuerzas? Ya, ya, que tengo muchos familiares y amigos en los que apoyarme y una persona que me dice que ‘Cuando uno piensa que llega siempre queda un poco más...’; pero... Pero no sé apoyarme, no sé pedir ayuda. Eso lo quiero cambiar. Quiero llamar más a mi familia (porque las distancias me hacen difíciles las visitas), apoyarme más en mis amigos, no perder la oportunidad de quedar con ellos. Y ahora lo que quiero es llorar... es mi llanto lo que estoy escribiendo. Siempre ha sido la evasión más cómoda y fácil que he encontrado: escribir. ¿Y por qué llevo tanto tiempo sin hacerlo? Creía que solo me inspiraba el dolor, la rabia y la negatividad. Durante mucho tiempo fue así ¿ahora es la tristeza? '¿No puedes escribir en paz? Muñeca, nadie que escriba algo que merezca la pena puede escribir en paz.' Espero retomar las largas jornadas de música, droga y escritura. Ahora mismo no quiero otra cosa. Y a mi perra. Echo mucho de menos a esa preciosidad blanca de cincuenta kilos. Otra vez quiero llorar... Qué difícil es ser fuerte, copón.
La suerte es volver a empezar (otra vez) la no suerte es el peso de todas las malas decisiones de estos años... Demasiados años. No es lo mismo empezar de nuevo a los veintipocos que a los treintaymuchos. En muchos aspectos. Los aspectos positivos: se supone que ya sabes lo que quieres. Se supone que eres más maduro, tienes las cosas claras. Yo hace tiempo que creía saber lo que quería: una vida tranquila. Tampoco he sido de pedir mucho... Aunque por pedir, una cantidad ingente de dinero. Eso siempre. 'El dinero no da la felicidad' pero te da tiempo para buscarla. Realmente, lo que he querido siempre es una vida tranquila, una vida como las de mis padres: trabajo, niños, vacaciones... Yo añadiría perros. Poco más. Pero está difícil... O lo he hecho difícil. Yo pongo la presión, tú la tensión del primer paso. No me jode la vida, me la jodo yo en todo caso. Malas decisiones, al fin y al cabo. Una detrás de otra. Leed esa frase muy despacio y marcando las palabras, hacedme ese favor. Una-detrás-de-otra. Así es mi vida. Gracias a mis padres y a mi hermano que siempre han estado ahí y, en gran parte, han sujetado mi deriva. Algún día juntaré todas y os podréis hinchar a reír o a llorar. Ando en ello, no creáis. Ando en muchas cosas. La última, pedir perdón. Está quedando más o menos bien, pero joder, debe ser lo más difícil que he escrito nunca. También en un compendio de mensajes positivos comentados... ¡Positivos! ¡Yo! Pues empecé igual hace diez años... Ahí sigue. No sé si lo lograré acabar. Y este dolor de cabeza no ayuda a nada.
Ya he comido (aunque mi padre diría que un bocadillo no es comer), me he drogado legalmente con un ibuprofeno y... y me apetece publicar. En serio. Ya sabéis cómo soy. Lo he leído tres veces y he modificado cosas (y las que quedan) y las dos primeras he pensado que solo falta la típica frase, trozo de canción, etc., que suelo poner al final. La tercera estoy añadiendo esto. Y si no encuentro una frase pronto esto se va a eternizar... o nunca verá la luz. 

‘Pero de repente, después de todo este tiempo, siento que tengo algo que decir y que si no lo escribo rápidamente, mi cabeza estallará.’
El país de las últimas cosas, Paul Auster
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