martes, 24 de febrero de 2015

Autocensura y sufrimiento (Antología de la egolatría, parte cinco)


Me ha pasado algo extraño. Siempre he intentado decir la verdad. A veces es difícil. Lo que nunca me había pasado es tener que mentir por obligación… por necesidad… por no tener que dar explicaciones. Resulta que todo es mucho más fácil con un “si” o un “no”… nadie quiere oír hablar de los “pero” o de los “aunque”. Resulta que las palabritas se las lleva el viento. Lo que antes era cuestión de vida o muerte, pasa a ser un mero acontecimiento sin importancia. He querido hacerlo bien, lo prometo. Y no lo he conseguido. Intentando hacerlo lo mejor posible, lo he hecho todo lo peor que he podido. Y me siento extraño. Ya no sé si dar explicaciones es lo correcto. Si me tengo que quedar con un “si” y omitir los “peros”. Todo son matices. Hay pocas cosas que necesiten un rotundo “si” o “no”. Existen motivaciones, agentes externos, internos, dudas, miedos; que son parte del “si” o del “no”. No puedes resumir con un monosílabo un año. Es imposible. O yo, por lo menos, no puedo. No es tan fácil como el blanco y el negro… el gris resulta que tiene matices. A mi siempre me han gustado los matices… le dan dimensión a los colores básicos. Nada es tan fácil como decir “viva la muerte”; pero habría que definir dos conceptos: vida y muerte. Ya sé que parece que todos sabemos que es la vida o la muerte; estoy casi convencido de que todos daríamos una definición parecida. Pero luego resulta que hay gente muerta en vida, gente que ha querido morir, gente que se ha sentido morir. Ya empiezan a no estar claros los conceptos vida y muerte… bueno, en realidad siguen claros, pero adquieren matices. Quiero decir con todo esto que los matices le dan puntualización a cosas que son genéricas. Que si sólo nos quedamos con el “si” estaremos obviando información, estaremos sesgando opiniones, estaremos juzgando. Yo me he juzgado. Y soy culpable. Lo tengo claro. Se me pueden acusar de muchas cosas… y ninguna buena. Y podría dar millones de matices… pero no serviría de nada. Me quedo con un monosílabo: “no”. Yo me he castigado. Juez y verdugo. Ejecutor de una auto condena: pena de muerte.

"Sé que esperabas que te diera calma y vida larga... suelo cansarme demasiado pronto de ser bueno.
No encuentro calma en esa calma que anhelabas..." 
No es verdad, El Último Ke Zierre

martes, 17 de febrero de 2015

Life is the bitch and death is her sister (Antología de la egolatría, parte cuatro)


La soledad ha pasado a ser un estado de ánimo. Un sentimiento más. El sentimiento de abandono. El de desarraigo. El de no pertenecer a nada. El de estar al margen de todo. El de sentirse solo rodeado de gente. De gente que te quiere. Todo eso ya pasó… creo.  A veces lo pasas tan mal que crees que no puede haber nada peor. Que has tocado fondo… Si has tocao fondo, sabes lo que digo... Luego ya solo queda estar bien. Ya sólo puedes ir a mejor. Mal que no mejora, empeora; que dice mi padre. Cuando desaparece la soledad empiezas a ver gente. Gente que sentías lejana, de repente, te es cercana. Gente a la que tenías cerca, se alejan. Descubres nuevas gentes. Gente que siempre ha estado ahí. Gente que no se ha ido, aunque tú hayas desaparecido. A veces son dos o tres. Pero, realmente, con uno vale. Toca empezar a dar, después de tanto recibir. Toca equilibrar la balanza. Toca devolverle la equidad al universo.
Ahora solo fluir. Solo vivir. Solo gozar. Una vez más, me he de desdecir: la vida es fácil. Y eso también es un estado de ánimo. La vida es la vida. Llega, pasa, se va. Hay que saber unirse a su paso. Hay que saber vivirla. Yo, sin demasiadas complicaciones. Lo realmente importante es lo que la complica… y en mi caso, ni mi familia ni mis amigos me la complican. Así que sólo me queda disfrutar, solo y en compañía; pues da igual si estamos solos o acompañados si nuestro estado de ánimo es negativo, deprimente o agresivo. Acabaremos amargando a los que nos rodean… o preocupándoles. Acabaremos en la soledad, en la oscuridad. Y eso no interesa. Hay que saber ver la luz que nos aportan los que siempre han estado ahí, hay que saber recogerla, recibir su calor. Es una luz que yo recojo... Y, por supuesto, devolverla aumentada. Repartir calor.
Nos consumimos como un cigarro fumado, por un empedernido fumador de tabaco y con el viento de lado. Nos empeñamos en pasar las etapas lo más rápido posible. Sin pararnos a disfrutar, a ver la vida pasar. Queremos la eternidad al segundo día. Moriremos todos. Unos antes y otros después. No merece la pena huir del pasado, ni vivir en él. Pero tampoco la merece anhelar el futuro y vivir una posibilidad. Miramos atrás y adelante desde la perspectiva del ahora. Lo que fue, fue por algo. Y lo que será no lo sabemos. Queremos pasar las pantallas de los demás. Queremos lo que otros tienen. Somos lo que dicen de nosotros. Nos olvidamos de lo más importante: uno mismo. Tenemos que vivir nuestra propia vida, y asumir las consecuencias de nuestras decisiones. Me he hecho daño. He hecho daño. Me han hecho daño. Y duele. Y lo que duele, duele sin amos... Y me he castigado. Y he aprendido de las terribles consecuencias. Y a lo mejor me auto destruyo por eso. Y a lo mejor por eso no quiero volver a hacer daño nunca más. A lo mejor solo quiero huir. A lo mejor solo quiero morir.

"A este pozo de tristeza, no sé quien me arrojó.
Si te preguntan por mi, dile siempre que no estoy"
Dile siempre que no estoy, Los Suaves

jueves, 12 de febrero de 2015

Que si solo hablas de ti, que si eres un egocéntrico; yo hablo de lo que conozco, no me quites méritos (Antología de la egolatría, parte tres)


He cambiado tantas veces que ya no sé cómo soy. Me he desdicho. He rectificado. Me he equivocado… montones de veces. Incluso me he arrepentido. He cambiado de premisas. He modificado mis valores. Me he comido mis palabras. He creído saber… cuando no sabía nada. He creído sentir. Toda una vida es poco tiempo para poder vivirla. Hay cosas que cuesta entender… incluso siendo adulto. Siempre hay conceptos nuevos, nuevas emociones o sensaciones, nuevas personas, nuevas ideas, nuevos conocimientos, nuevas experiencias. Siempre hay alguien que te ilumina con su sabiduría. Siempre hay alguien dispuesto a compartir sus experiencias, sensaciones, conocimientos. Compartir es vivir. Asimilar es crecer. Todo el mundo puede aprender algo de todo el mundo… y ni siquiera hace falta que sea bueno. Hace falta encontrar a la persona que te enseñe lo que quieres aprender. Es sólo un trueque, un intercambio.

Luego están las personas. Las personas son difíciles de entender. Porque es difícil entenderse uno mismo. Siempre es más fácil hablar de lo que deberían hacer o deberían sentir los demás. No es fácil ponerse en el pellejo de otra persona. Y eso que somos genéticamente idénticos. La empatía es complicada. Llegar a entender a las personas, imposible. Conformémonos, pues, con intentar entendernos nosotros mismos. Cada persona es un mundo… aunque suene a tópico. Dos personas diferentes, en una misma situación, actúan de forma diferente ¿por qué? Porque no somos iguales… aunque no suene demasiado bien. Cada acto de cada persona está motivado por un sinfín de experiencias, motivaciones y conocimientos únicos y exclusivos. Así pues, ¿cómo podemos afirmar que sabemos lo que sienten los demás? ¿Acaso sabemos nosotros mismos lo que sentimos en cada momento? ¿Podemos expresarlo? ¿Hay un estándar de lo que se debes sentir y cómo?

Y cuando tú ya parece que estás bien, siempre hay alguien que está mal. Esa parte de ti que te completa, se ahoga entre lágrimas desesperadas. Y todo vuelve a empezar. El dolor vuelve a crecer. Ya no hay mariposas… sólo larvas infectando órganos. Ese dolor que creías aparcado, no destruido; adormecido, no derrotado; ese dolor se hace más fuerte. Derrota tus defensas. Y no puedes hacer más que permanecer ahí. Esperando. Apoyando. Consolando. Soy un consolador mental de lujo. Y la calma siempre sucede a la tempestad… igual que la precede. Y la vida es una tormenta en alta mar. La tormenta perfecta. Porque aunque el impacto sea triste está perfecta, intacta… Y en calma es una playa desierta, de aguas cristalinamente azules, sol de mediodía… paz, calma y felicidad. Y en tormenta es huracán y tsunami, lluvia andante semiparalela, es negrura y relámpagos. Es desesperación. Calma, tempestad. Tempestad y calma.
Y otra vez el dolor se apodera de ti. Esa sensación horrible de dolor de estómago. Esa desesperación por no poder dormir, por no poder comer. Una vez más aferrarte al mal a ver si acaba contigo. O si eres tú el que acaba con él. Otra vez sin entender qué es lo que te pasa. Por qué estás así, si, total, no pasa nada. Y todo depende de cómo te lo tomes. Con calma. Con nervios. Con tranquilidad. Con miedo. Todo depende del cristal con el que se mire. En catalán se dice pair las cosas. Viene a ser pensárselo, discurrir. Recapacitar. Y en eso andamos. Mucho pensar. Poco hablar. Pero estamos obligados a hablar. A verbalizar. Nos lo piden amigos, familia y hasta nosotros mismos. Me cuesta. Mis problemas, cómo me tome las cosas; son problema mío. Si alguien dice algo, lo hace porque necesita decirlo. Cómo me siente a mi lo que ha dicho, es exclusividad mía. 

"Puedo escribir y no disimular, es la ventaja de irse haciendo viejo.
No tengo nada para impresionar ni por fuera, ni por dentro" 
Antes de que cuente diez, Fito & Fitipaldis


miércoles, 11 de febrero de 2015

Érase una vez un niño con un lapicero que quiso pelearse contra el mundo entero (Antología de la egolatría, parte dos)


Estoy harto de convenciones sociales, de etiquetas, de grandes palabras. Amor, amistad, felicidad, honor, justicia... patrañas. Nadie es capaz de definir ninguna. Son conceptos etéreos y relativos. Son conceptos aprendidos... socialmente aprendidos. Me gustaría ser un cánido, un perro. Viven el minuto. No les importa lo que haya pasado la semana anterior... o los últimos cuatro años. Se dedican a vivir, a dar, a vagar. Son seres sociales, viven bajo unas normas. Pero son instinto, libertad, naturaleza. Viven sin ataduras y, sin embargo, lo darían todo por su dueño. No tienen un concepto del amor, pero si de lealtad, de entrega... aunque a veces se le parece.
La sociedad nos encorseta. Tenemos que(remos) liberarnos de los grilletes de los convencionalismos. Un sentimiento es inexplicable, si ni siquiera sé expresar con palabras lo que me hace sentir el mal... o una canción. La misma canción que a ti no te dice nada... cómo te lo hago entender si es... Bufffff... Por eso no me gusta dar explicaciones... por eso sólo respondo ante mi... por eso soy yo mi propio verdugo... porque no me doy explicaciones.
A esta gente seria difícil definirles el odio, en serio, como definir colores a un ciego. Hay sentimientos que lo son todo. Son el odio, la rabia, la pasión, la justicia... Que ciegan. Que desmoronan. Que cambian. Que mutan. Que crecen. Que evolucionan. Que mueren. Que nacen. Nos empeñamos en etiquetarlos, pero lo cierto es que cada uno lo siente de una manera... a su manera.
Estoy harto de juicios de valor. De similitudes y de comparaciones. De creer saberlo todo con dos tardes de economía. Se necesita toda una vida para comprender ciertas cosas. Lo mismo que hay cosas que no comprenderemos nunca, por más vidas que vivamos. Quizás crees que has sentido pena, odio o desesperación... pero a lo mejor no has visto nada, a lo mejor no se le parece en nada... o a lo mejor has sentido una décima parte. Siempre hay más. Siempre puede ser más fuerte. Siempre puede ser peor.
Y luego está “ese” sentimiento, el innombrable. Un sentimiento que nadie sabe cómo es, ni cómo te hace sentir… en realidad, todo el mundo opina. Todo el mundo sabe de qué va. A todo el mundo le ha pasado. Todo el mundo es capaz de usar la palabra sin pudor, sin miedo a equivocarse, sin medida. Se empeñan en comparaciones, en explicaciones, en milongas. Si de verdad te ha pasado, no deberías poder explicarlo. No puedes compararlo con nada. Nada se le parece. Ni siquiera en la misma persona. Se empeñan en cuantificar, en medir, en etiquetar, en clasificar. Hay cosas que escapan a la lógica.


“El cuerpo es una cárcel y los carceleros patrones aprendidos que tenemos que matar” 
Miedo a volar, Mala Rodríguez

martes, 10 de febrero de 2015

El que espera, desespera (Antología de la egolatría, parte uno)


Te pasas la vida esperando algo de ella que, a lo mejor, nunca te dará. Me da igual que sea el amor, un trabajo digno, una boda de blanco en una iglesia, tres hijos o la propia felicidad. La gente tiende a obsesionarse con los sueños que quiere cumplir, con eso que le quita el sueño si no logra conseguirlo. Con “el sueño americano”, con el “si te esfuerzas, todo llega”. Casi nunca se dan cuenta de que lo importante es el camino que llega hasta la meta, no la meta en sí. En realidad... los sueños, sueños son y, si los consigues, dejan de serlo para convertirse en realidad. Y la realidad siempre supera a la ficción... en todo. Aquel soñado paraíso rosa, con aguas cristalinas, pájaros cantando, verdes parajes y árboles frutales; puede resultar una ciénaga hedionda llena de cadáveres putrefactos, alimentando cuervos que graznan helando la sangre, rodeada de cactus moribundos y plantas venenosas.  
Hay gente que sabe que quiere casarse desde la infancia, o tener hijos... o una meta en la vida. Ser algo o alguien. Yo no. Si miro atrás... a lo mejor si que tuve sueños pero, como casi siempre, no los conseguí. Tampoco hay que comerse el tarro, si lo has intentado. Siempre he dicho que no espero nada de esta vida. Es cierto. Y en parte es porque es la manera de no decepcionarte. Si no esperas nada, nunca puedes fallar. Pero en realidad es porque, no esperando nada, todo lo que venga es aceptable. Quiero decir, todo lo que venga, ha venido. Lo coges y disfrutas si es bueno, lo superas si es malo, lo asimilas si merece la pena. No quiero decir que no aspire a nada... que es a lo que aspiro. En realidad... aspiro a estar siempre inspirado.

“Yo voy con la esperanza del que todo lo ha perdido y así todo lo que viene es bienvenido.” 
100 Frases, Sharif

lunes, 9 de febrero de 2015

Irán cayendo...

Voy a publicar una serie de entradas (cinco, para ser exactos) que llevan mucho tiempo escritas... mucho es mucho... hasta cuatro años alguna de ellas. No las he publicado antes porque... bueno, no sé muy bien por qué. Supongo que era una mezcla de miedo, desasosiego, desgana, tristeza... o a lo mejor es que necesitaban tiempo para madurar. En realidad no han madurado demasiado bien... en cuatro años no creo haber añadido más que una canción o un título. Eso sí, las he releído cerca de un millón de veces. Son cosas que han pasado por mi cabeza en algún momento, que no quiere decir que sea este momento... ni quiere decir que sean un hecho contrastado... o real. Han pasado, sin más. No hagáis demasiado caso. Tampoco espero que sean las mejores entradas que he publicado, pero necesitaba hacerlo.

Por cierto, sigo escribiendo. Poco, eso es verdad. Me he estancado con la historia de Despro y Pósito... me gustaría continuarla. Tengo también cosas empezadas, borradores, alguna historia en la cabeza (entre ellas hacer otro blog más accesible), cosas tristes y cosas alegres... que tampoco sé si saldrán, ni cuándo... pero ahí están.

Sed felices.

martes, 26 de julio de 2011

Pasado (Epílogo)

Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender. Françoise Sagan

Más nervios. No parece demasiado enfadado. Muchos más nervios. Se acerca.
- Cuánto tiempo…
- Sí… mucho… ¿por qué te fuiste?
- Tenía que hacerlo. Si me dejas explicártelo, con un poco de suerte, a lo mejor no llegas a compartirlo, pero espero que sí a comprenderlo. ¿Me dejas?
- No sé si necesito entenderlo. Siempre he creído que tenías tus motivos. En cierto modo, lo entiendo.
- Fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Y ahora, volver a verte…
- Te habías olvidado, ¿a qué si? A mi me pasa igual. Hacía mucho que no pensaba en ti. Y, cuando lo hacía, intentaba apartar el hecho de que te fueras… sin decirme nada. Intentaba quedarme con los buenos momentos. Sin rencores. Sin reproches.
- Y ahora al verme…
- Y ahora al verte no sé qué pensar. Ha sido un shock, la verdad. Ahora mismo estoy confuso. Supongo que podemos volver a empezar de cero.
- Sin reproches, sin rencores… empezar de cero.
- Será difícil… pero lo más difícil ya lo he pasado…
- ¿Lo más difícil ha sido olvidarme?
- Nunca te he olvidado. Sólo aparcaba tu recuerdo.
No nos dimos cuenta pero aquello avanzaba. Quedábamos más. Empezamos a salir. No habíamos cambiado tanto. Seguíamos siendo aquellos jóvenes ávidos de experiencias… pero no tan jóvenes. Los dos teníamos miedo. Miedo a comprometernos, a hacernos daño otra vez, a sufrir, a fracasar una vez más. Pero apartando el miedo nos teníamos el uno al otro. Siempre nos habíamos tenido. Volver a recordar lo que nos había unido, en lo que habíamos conectado, lo que habíamos compartido. Sin reproches. Sin rencor. Sin miedo. Todo era emoción. Todo era pasión. Todo era amor. En realidad no hacíamos nada más que quedar, hablar, beber, fumar, besar…
La vida da muchas vueltas. El trabajo nos reportaba unos buenos ingresos, pero la vida en la ciudad es muy cara. Los dos nos encontramos en el dilema de la búsqueda de hogar. A los dos se nos daba muy mal vivir solos. Encajamos las piezas. Buscamos una casa. Una vida en común. Una vida compartiendo techo. Sobre todo, somos amigos. Compañeros de piso. Con algo más, está claro. Pero nada de etiquetas. Nada de juicios. Nos lo pasamos bien. Nos ayudamos y nos queremos.
Pero también trabajábamos juntos. Eso empezó a ser demasiado. No por el trabajo, ni por el vernos a todas horas… estábamos encantados. Nuestra complicidad se reforzaba a cada minuto juntos. Pero empezó a generar tensión; justo en el momento en el que la cúpula del Proyecto M se reunió con los militares. Una vez más, los avances tecnológicos en manos de la muerte y la destrucción.
Una vez más… desapareció. Pero esta vez era distinto. Desapareció sin motivos. Salió de la reunión. Apartada del proyecto. Dada por desaparecida. Horas de búsqueda. Días de espera. La casa se me hacía enorme. Todo me recordaba a ella. No podía levantarme de la cama. No podía estar en casa. No podía vivir. No sin ella. Dejé de trabajar. Empecé a beber. Empecé a salir. Quería quemar mi vida. Quería olvidar. Quería morir. Me cambié de casa. Un apartamento pequeño. Una habitación, cena para uno, vino para tres. La noche quemaba mis pecados. La droga liberaba mi alma. El mal me invadió.

Lo que se hace por amor acontece más allá del bien y del mal. Friedrich Nietzsche

lunes, 25 de julio de 2011

Venganza

Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón. Jorge Luis Borges

La muerte de marino, la única redención. El cómo, mi única obsesión. Volver al pasado a través de los recuerdos de Brune, volver a morir. He salido del sótano del doctor en medio de sudores fríos y con la vista borrosa; tambaleándome. La cabeza me da vueltas. Necesito pensar ¿Dormir? No. Drogarme. La droga calma el dolor, aclara la mente. Así es. La he conseguido fácil, como siempre en la ciudad. Vuelvo a mi “hogar”. Preparo el plan. Estudiaré sus movimientos. Lo he hecho antes. Tengo lo necesario. Preparo las armas. Es el momento de la venganza.
Días siendo una sombra, siguiendo a la presa entre la maleza, la gente me oculta, soy el susurro en el viento. Suficiente información sobre el objetivo. Preparación del material. No puedo fallar.
Esta noche le toca trabajar. Sólo un vigilante. Las cámaras localizadas. La llave que abre todas las puertas. Y una nueve milímetros en el cinturón. Doce en punto de la noche: comienza la acción. Cambio de turno en la garita. Dos minutos y el despacho de marino. Sentado en el despacho hace un descanso saboreando un habano y un buen bourbon… los mejores habanos y el mejor bourbon. Todo encaja perfectamente. Asombrosamente fácil. No hacen falta presentaciones. Aparezco ante él, encañonándole. No hacen falta presentaciones.

- Morirás por el daño que has causado.
- Que te he causado, ¿no?
- A mí y a los míos.
- Sólo a ti, lo sabes.
- Olvidas a Brune.
- No le causé dolor… su muerte te la causó a ti. Le di un buen trabajo, le di un futuro y ¿cómo me lo
pagó? Intentando hundir el mejor negocio de la historia. Acción reacción. Causa y consecuencia.

- ¿Ahora velas por el equilibrio del universo? Pensaba que sólo querías poder y dinero.
- Me sobran de ambos… a espuertas. El universo es el único poder superior al mío. Hay que saber arrodillarse antes de la derrota. Deberías tomar nota.
- Puesto que no pienso aceptar más que la victoria o la muerte… y visto que tienes experiencia, creo que deberías ser tú quien se arrodillara. No puedes imaginar mi poder.
- Sé mucho más de lo que crees. Sé quiénes sois tú y tu hermano. Sé quiénes eran vuestros padres. Y el porqué de vuestro poder.
- ¿Cómo? ¿Quién eres? ¿Qué sabes?
- ¡¡Jajajajaja!! Ahora la opción de matarme ya no parece tan apremiante, ¿verdad? Supongo que querrás hablar, preguntar cosas… me da igual. No pienso contestar. Mátame y acabemos con esto de una vez.
- Por un momento he querido saber qué te llevó a manipular y asesinar a inocentes. Creí que el poder y el dinero eran tus únicos objetivos. Intenté ponerme en tu lugar y tratar de comprender por qué alguien haría semejantes atrocidades. No encontré respuesta. Y es la única pregunta que te haré. Luego, morirás.
- ¿Qué lleva a un hombre a ansiar el poder más que el aire que respira? ¿Qué se siente cuando se es dios? Esa es tu respuesta. Quiero ser dios. Quiero hacer y deshacer a mi antojo. Quiero crear vida. Vida perfecta, sublime. No quiero cometer sus errores, no quiero odiar a mi obra. Quiero crear una nueva raza humana. No lo entiendes, ¿Verdad?
- No. Pero eso ya no importa. Eres un enfermo. Eso es todo. Tu megalomanía es de manual. No hay ni hubo dioses. Sólo humanos convencidos de lo contrario.
- ¡¡Jajajajaja!! No te has preguntado nunca por qué ves cosas que nadie ve, oyes cosas que nadie oye o sabes cosas que nadie sabe ¿Te has llegado a preguntar por qué seguís vivos? Tú y tu hermano sois lo más parecido a un dios. Algo por encima de simples humanos. Comparada con el poder de tu mente, la energía que ha empleado la humanidad hasta el presente no es más que una mota de polvo.
El hombre es de una miopía lamentable. Camina pesaroso, la vista baja, fija en sus pies. Sólo cuando tiene miedo vuelve su atención hacia el mundo, y entonces se apresura a vender su alma al primer dios o buda que le ofrezca una mínima esperanza.
En realidad, todos somos parte del flujo de una misma corriente. Ni siquiera los científicos llegan a entender los valores que manejan.
… el infinito… tiempo sin límites… espacio sin confines… energía allende la imaginación… y a la postre, ¿qué hacen con sus descubrimientos? Los comentan en cenas de sociedad, trocándolos por medallas y por su nombre impreso en los anales de la historia, tan sólo eso. Pero aún así… la corriente sigue fluyendo ante nosotros.
Cuando un hombre quiere ver a lo lejos, ¿qué es lo que hace? Entrecierra los ojos. Por mucho que uno abra los ojos… no acierta a ver lo que está fuera del alcance de su visión.
El universo fluye hacia su conclusión final. El arriba se vuelve abajo… la densidad se vuelve tenue… el orden aspira a la entropía… el último giro hacia la uniformidad de todas las cosas es inevitable e irreversible.
Los hombres se reúnen como para invertir el flujo de las aguas, pero en realidad sólo son juguetes a merced de la corriente. Pero aún cuando la corriente se los lleva… poseen un poder capaz de detener el flujo de las aguas. Cuando se sirven de ese poder, la corriente se detiene durante un instante… para reemprender su carrera a continuación, con redoblado ímpetu. Cuando lo tienen ante sus ojos, la gente reconoce el brío de la corriente y lo teme…*

Esa energía… ¿otra vez tu, hermano? No lo parece… es mucho mayor… como anclada en el tiempo… eterna… procede de… ¡marino! No puede ser… no puedo pensar… ni moverme… me atrapa… no puedes escapar; te tengo en mis manos… ¿todavía no lo entiendes, verdad? Somos iguales. Somos hermanos… incluso padre e hijo. ¡No! Eso es imposible… inaceptable… (aullido inhumano)… el dolor es insoportable… debo contraatacar… desplegar mi energía… generar, almacenar, expulsar.
He visto la explosión a kilómetros de distancia. No ha podido ser nadie más que mi hermano. Cuando llego, el panorama es desolador. La planta quinta de ese edificio, ahora es la terraza más alta del barrio. Dos cuerpos. Pósito y marino. Parecen medio muertos. Se mueven. Lentamente… moribundos. Mi hermano se levanta. Va hacia su adversario… creo que llegó su hora. Sólo necesito una razón para no acabar con su vida. Voy a morir en este preciso instante. Brune… yo…
- Es hora de matar a los dioses... y tu sólo eres un hombre.
Luz cegadora y desapareció. Y su energía también. Ese es mi hermano. Capaz de despreciar y amar la vida en décimas de segundo…

Vengándose, uno iguala a su enemigo; perdonando, uno se muestra superior a él. Francis Bacon





*Akira, el cómic. Monólogo de la Sra. Miyako a Tetsuo.

jueves, 2 de junio de 2011

Revelación

No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad. Aristóteles.

Alejarme del grupo fue difícil… pero de Pósito… casi no sobrevivo… me quería morir todos los días… no podía dejar de pensar en él… era una obsesión… era amor. Pero no había futuro. Ni en el barrio, ni en la ciudad… ni en nosotros. No pude dejar de aceptar aquel trabajo… tenía que pensar en mí… sólo en mí. Trabajar para el Gobierno es como todo, tiene su parte buena y su parte mala. Que marino fuera mi jefe entraba en lo malo… y que ella fuera la primera dama… peor. La parte buena eran contactos, un buen suelo, dietas, viajes en primera clase… y un trabajo interesante. Después de muchos trabajos menores, de proyectos sin importancia; por fin me llega uno a la altura de mis conocimientos: el Proyecto M. Todavía está en fase experimental. Un grupo de científicos y políticos (¿?) están intentando crear algo muy gordo… tarde o temprano reclamarán mi presencia.
Ha sido más tarde que temprano, pero bueno, por fin voy a conocer el equipo que trabaja en el proyecto M… no estoy nerviosa, es que lo nuevo me incomoda un poco. Hoy es el primer día del proyecto. Es tan secreto que ni siquiera he podido saber los nombres de mis compañeros antes de unirme a la investigación. He tenido que firmar montones de autorizaciones y declaraciones juradas de mi silencio. He dado prácticamente hasta mi número de pie… esta gente tiene montada una muy gorda. Eso sí, hace veinticuatro horas que me han dado un dosier más gordo que cualquier enciclopedia, lleno de fórmulas químicas y teorías físicas para que me ponga al día. Gracias. Es lo único que he podido decir. Las siete cincuenta y cinco… y ya me esperan. Esta gente se lo toma todo demasiado en serio… aunque por lo que he podido deducir del dosier, es algo muy, pero que muy gordo. Hola, buenos días y poco más. Se abren las puertas. Varias batas blancas. Todo hombres ¡¡¡Despro!!! Creo que hasta me he mareado de la impresión. Es increíble. Está aquí. Su cara refleja el mismo asombro que la mía. Que casualidades tiene la vida. Intentamos disimular como podemos. Tampoco tenemos mucho que decirnos… o no sabemos cómo romper el hielo. Paso el día poniéndome al tanto de cómo funciona esto. El proyecto, el grupo, los rangos, las autorizaciones… y no puedo dejar de mirarle de reojo… y a veces coincidimos… muchas veces. No me estoy enterando de nada ¿querrá hablarme? ¿Estará enfadado? ¿Qué pensará de lo que le hice? Estoy mucho más nerviosa que antes de empezar con este proyecto. Cuando terminamos la jornada laboral, un gesto cómplice me dice que nos alejaremos del grupo para hablar. Es la clase de señal que esperaba. Más nervios. No parece demasiado enfadado. Muchos más nervios. Se acerca.
Estamos en un gran despacho, rodeando una mesa ovalada, en la que en un extremo hay una pantalla con la imagen del presidente del país. Todo es convulso. Todo es raro. Miro a Pósito. No hay respuesta. Está concentrado en la pantalla. Me estoy empezando a marear. Empiezo a recordar cómo hemos llegado a esto. Un día llegó marino al laboratorio. Se reunió con el director del Proyecto M, Pósito. Espero que no ceda a sus pretensiones. Estoy segura de que quieren usar las bombas en algún país. La política exterior no es un secreto de estado. Estoy segura de que no se dejará corromper… a pesar de la discusión que tuvimos anoche por este mismo asunto... espero que todo salga bien. No me quiso comentar nada de la reunión… sólo que no probaríamos las bombas sobre civiles. Nunca le hizo demasiada gracia el ejército… y a marino le tenía un odio irracional. Esta reunión de urgencia con gente tan importante me escama. Seguro que marino ha llegado hasta el presidente. Tengo que hacer algo. Fingir malestar por la menstruación es una manera de escaquearte que sólo dominamos las mujeres… y que siempre funciona. Me escabullo hasta el despacho de marino, seguro que se guarda ases en la manga que ni el presidente conoce. Ese es mi objetivo. Me llevo una cámara por si puedo “documentar” algo. No me ha sido difícil entrar en el despacho… ni encontrar toda la información clasificada con las palabras TOP SECRET… ¿por qué lo pondrán tan fácil? Esto es un filón… un ruido… ¿me ha visto alguien? ¿Es eso una sombra? … otro ruido… me giro… un silbido… un aguijón… algo que me escuece en el cuello… me desmayo.
Lleváosla. Tenemos la cámara. Ya inventaré algo que contarle a Pósito. Hacedla desaparecer. No puede recordar nada. La quiero viva. Corto y cambio.

El que no conoce la verdad es simplemente un ignorante. Pero el que la conoce y la llama mentira, ¡ese es un criminal! Bertrold Bretch

jueves, 28 de abril de 2011

Confrontación

La diferencia entre un valiente y un cobarde, es que un cobarde se lo piensa dos veces antes de saltar a la jaula con un león. El valiente simplemente no sabe lo que es un león. Sólo cree que lo sabe. Charles Bukowski

Cuando llegó con el cadáver de Brune, todo estaba en silencio; demasiado silencio. El doctor no estaba con la máquina. Estará fumando. Sentó a Brune en ella. Lo preparó todo. El doctor seguía sin aparecer. Desenfundó la nueve milímetros. No contaba con que fuera armado. Habrá que cambiar la estrategia… espero tener fuerzas suficientes… el trance me ha dejado hundido… con el golpe de un palo lo desarmo, aunque delato mi posición. Ha salido de la nada, ¿quién es? Siento una gran fuerza… ¿hermano? Me has hecho daño y ahora lo pagarás. He perdido la pistola pero… me giro, me muevo, me escondo, ataco. Esquivo. Es rápido. Se oculta entre las sombras… como yo… siente mi respiración… como yo la suya… casi oigo sus pensamientos… No sé cómo has llegado hasta aquí, pero no me detendrás. Podemos estar luchando todo el día… pero sólo yo conseguiré mi propósito. Sólo yo poseo la verdad. Le lanzo una caja… esto está lleno de proyectiles. Esquivo. No puedo luchar en la penumbra… y esa caja ha levantado una cantidad de polvo que me impide respirar con normalidad… estoy cansado… es demasiado fuerte. La ira le domina ¿Es posible que su causa sea superior? ¿Es posible que le de fuerza? No sé cuánto podré aguantar… ¿Por qué me atacas, hermano? No comprendes la magnitud de nuestros actos. No comprendes la necesidad de redención. No podemos cambiar el pasado, pero si el futuro. Nuevo reparto de golpes. El terreno juega a mi favor. Parece confundido, despistado… la jugada de la caja ha dado el resultado esperado… aprovecharé mi ventaja… ya te tengo. Me supera. Ataca. Viene con todo… debo hacer… algo… esquivo… Le he dado, estoy seguro… Me ha dado… duele. Debo contraatacar… último ataque… bingo… el golpe le ha hecho tambalearse. Es el momento de huir o morir. Desapareció en una nube de polvo.

Encontró al doctor atado y amordazado en un rincón. Después de liberarlo encendieron la máquina. Ver sentado y convulsionando el cadáver de Brune fue entre triste y tétrico, pero mereció la pena. Actos deleznables en pos de un fin liberador, de la redención… profanar su cadáver para hacer el bien. Consiguió la información, supo cuál sería su siguiente paso.

Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad. Bertolt Brecht.

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